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"El camino a la cumbre" de Victor Daniel

EL CAMINO A LA CUMBRE
Los secretos de la política en Utopía
Victor_Daniel

Utopía, como simulador político que es y así se anuncia, atrae principalmente a usuarios que buscan llegar a las máximas instituciones del Estado, a veces en el menor tiempo posible, otras mediante laboriosas estrategias de trabajo, pero siempre el objetivo es llegar a tener un cargo de nivel superior a 70, aunque por diversos motivos pueda moderarse esta ambición y llegue la conformidad con uno menor o, tras el éxito, no importe estar sin empleo, ocioso. Es de utilidad para todas estas personas conocer los entresijos generales de la política de Utopía, cómo funciona el engranaje que eleva en sus poleas a uno y hunde a otros en cuestión de días. Conste, ante todo, que lo reflejado es fruto del estudio personal y la experiencia del autor, sin que para nada deba coincidir con su opinión personal de lo ético o justo o que haya sido llevado a la práctica por él mismo.

  1. Un pez desconocido en el mar
    Todos empiezan entrando en el chat y saludando por primera vez. No se trata de algo matemático, es la simple curiosidad la que lleva a preguntar sobre el juego en sí. A veces, el saludo es acompañado por las intenciones del recién llegado, muchas ocasiones irrealizables, al menos en el breve corto plazo. En lo que nos respecta a una obra de este estilo, conviene saber cómo pasar de ser un perfecto desconocido a un nombre en boca de todos. La clave está en "que hablen de mí, bien o mal". Conviene entrar a un partido, crear alguna empresa para demostrar la actividad y, sobre todo, escribir en el foro comentando hilos ya creados y, por ejemplo, presentado el partido político o empresa creados, si es el caso. Da igual si lo expuesto en los hilos y mensajes del foro es de agrado de la opinión pública o no, siempre que se hayan tratado los temas con respeto y mensajes no violentos. Pese a las discrepancias y la inexperiencia, es bueno hacerse notar sin llegar a hacer el payaso.

  2. El empleado al servicio de la sociedad
    En los primeros días da tiempo suficiente para aprender lo básico del sistema de Utopía. El nuevo ciudadano ya es conocido por aquellos que le vieron llegar y su nombre habrá sido visto junto a los mensajes de foro que ha publicado. Es hora de hacer algunos exámenes. Aprobar en la primera semana exámenes como Juez Supremo puede ser una tarea titánica, pero otros como profesor o policía son bastante asequibles. Conviene, pues, revisar las oposiciones y las ofertas de empleo público. Da igual cual sea, siempre y cuando se pueda lograr aprobar un examen y se tenga medalla. Después es importante hacer constar el trabajo en el puesto que se esté realizando, sin necesidad de llamar especialmente la atención. Un policía debe estar presente aunque no ponga kicks -salvo que sea necesario, obviamente- un profesor debe realizar algunas preguntas al día y comentar el trabajo en la plaza; un funcionario debe anunciar las actualizaciones de los documentos a su cargo, etc. Lo importante en este paso es estar presente en la Plaza, sin destacar por nada concreto pero apareciendo antes los demás y, sobre todo, dando apariencia de que se trabaja. Por supuesto se requiere que el trabajo realizado sea verdadero, una exageración es siempre contraproducente.

  3. La búsqueda de la pandilla
    Poco a poco, el ciudadano debe haber recorrido una semana en Utopía viendo tendencias, partidos, empresas. Con una media de una o dos horas al día ha de haber conocido suficientes ciudadanos para mostrarse más cercano a unos que a otros. Es en este momento en el que empiezan a surgir las afinidades más fuertemente que antes. Si se fundó un partido en los primeros días ya debe estar dando frutos y generalmente no será una de las primeras fuerzas políticas: si ha fracasado una buena opción es moverse a uno de los cinco más grandes o activos; si ha tenido un éxito relativo con al menos cinco afiliados es hora de hacer piña como grupo para lograr ganar unas elecciones. Un trabajo no descomunal pero elaborado de cara a la ciudadanía por parte de aquel empleado que ahora ha logrado montar un partido que se mantiene activo es el aval perfecto para lograr un escaño de oportunidad en el Parlamento. Por el contrario, saber ver el fracaso de un partido a tiempo, aunque no sea fácil, aporta beneficios al ir hacia uno mayor. En este segundo caso lo interesante es contactar con las personalidades relevantes del partido para, sin hacer la pelota, ponerse al servicio de sus compañeros en la consecución de las metas del partido. Así, si está el partido en el Gobierno no será difícil conseguir un puesto secundario; si está sólo en el Parlamento fácilmente irá en las listas.

  4. El Delfín
    Llegar a este estadio puede ocupar unas dos o tres semanas desde el nacimiento, pudiendo darse casos de precocidad o letargo. Siempre dependerá a partir de ahora de habilidad del ciudadano y, como no, las circunstancias coyunturales del momento. Partiendo desde un puesto menor en el Gobierno o un escaño en el Parlamento -aunque sea conseguido por una pérdida de acta de otro Diputado-, es el momento de conocer al líder del movimiento. No aconsejo empezar en el Poder Judicial, los fiscales soportan mucha presión y aún más los jueces. Aunque aparentemente están en las sombras, cada juicio los pone delante de la opinión pública más que ningún cargo. Quizás lograr un escaño en el Parlamento desde un partido de oposición sea complicado. En este caso lo ideal es aún más ejecutar la "operación Delfín". Consiste en coger confianza paulatinamente con el líder del partido o el movimiento. No suele ser difícil de identificar y siempre hay uno: sobresale por su carisma, veteranía o capacidad de trabajo. Se ha de ser preciso y, tanto como sea posible, sincero. No hace falta ser un trepador y es mejor que no se use esta táctica, porque suele terminar en fracaso. Lo correcto es partir de la corriente admiración que suele provocar el líder del movimiento para pedirle consejo, ofrecerse a trabajar con él o ayudarle en lo que necesite. Como siempre, aconsejo moderación. Un líder tiene muchas tareas y agradecerá ayuda, pero aborrecerá a un bufón que esté las 24 horas preguntándole qué tal le ha sabido el café.

  5. El segundo de abordo
    Todo líder que se mantiene en la cumbre tiene sus días contados. No en popularidad, quizás tampoco en tiempo -aunque suela suceder-, pero sí en ánimo. El poder desgasta, sobre todo en el Ejecutivo, y a veces cansa tener una cantidad tan inmensa de trabajo que da pocos frutos. Es de especial interés para el delfín saber estar en el momento adecuado junto a su compañero, pues a estas alturas ya no tendrá un líder al que conocer, sino un compañero al que respetar y ayudar. Vendrán ataques contra el primero de lista y será hora de cerrar filas desde la moderación, defendiendo pero sin atacar. No despertar una animadversidad en los rivales políticos puede ser decisivo en el futuro. Así, lo que mejor resume una buena estrategia en este sentido es "en la calle saluda a todos, en el trabajo ve a lo tuyo". En otras palabras, aconsejo ser cordial y tener trato de respeto hasta con aquellos que sean profundos rivales económicos o políticos, incluso cuando a la hora de tomar medidas éstas sean contrarias a aquellos. De hecho, la cordialidad debe terminar donde pueda llegar a afectar la independencia en la toma de decisiones, sobre todo las vinculadas a la corriente ideológica que se defiende. El delfín ha de saber que, aunque puede ser que no lo quiera, su compañero y líder de la facción querrá tomarse un descanso. No es mala idea sugerir un último esfuerzo, aunque ha de aceptarse la decisión de aquél dejándole la puerta abierta a volver a la primera línea cuando lo desee. Ante esta situación, asumir el compromiso de mantener vivo el grupo con decisión puede ser precisamente la mejor ayuda que se presente al compañero que se retira. Paradójicamente, el último y mayor servicio al "líder" será sustituirlo en el puesto.

  6. El señor de la casa
    "Da gracias por lo que tienes, pero recuerda de donde vienes". Algunos políticos, al llegar a la cumbre de su carrera cometen el error de pensar que todo está hecho. Cuando digo cumbre me refiero a ser Presidente o Presidente del Parlamento. Toca trabajar y demostrar que una buena carrera política desemboca en una buena gestión, sobre todo en en caso de la Presidencia. Sí o sí se habrán tenido que superar elecciones, así que conviene no defraudar a los electores y, al contrario, dar muestras de originalidad que, sin propuestas descabelladas, dejen ver que el nuevo líder de facción se preocupa por hacer de Utopía un sitio mejor. Quizás se de el caso de concurrir a unas elecciones presidenciales y perderlas, lo cual le pasa incluso a los mastodontes de la política. Suele ser una buena idea esperar dos semanas, acudir al Parlamento y recargar pilas con una batería de propuestas útiles. Incluso, quizás, sea la oportunidad para llegar a la Presidencia del Parlamento o el Diputado más destacado en la opinión pública. En cualquiera de los dos casos, se debe mantener el cargo en reelecciones siempre que, además de que obviamente se renueve la confianza, se pueda atender el cargo con el tiempo que merece. En su defecto y sólo para la Presidencia, la presencia de un buen gabinete hace que mientras ellos desarrollan el trabajo duro y diario, el Presidente se encargue de congraciarse con el pueblo. Aunque parezca oportunista se trata de una relación de beneficio mutuo, pues los miembros del gabinete algún día ascenderán y, en su defecto, se mantendrán en el cargo gracias al líder para el que trabajan. Ello aumentará sus posibilidades de victoria en el futuro, mientras que el líder consolida una nueva generación de delfines a los que primero enseñar el oficio y segundo confiar el puesto cuando quiera irse.

  7. El veterano
    Cuando no mandes, aconseja. Para ganar la carrera ciclista es bueno saber cuándo dejar al segundo que adelante para tener menos desgaste en la segunda posición. Aparentemente, el líder se retira, pero sus compañeros de trabajo deben saber que él estará allí para ayudarles. Nuevamente habrá una nueva relación beneficiosa, pues el líder mantiene su influencia "en la sombra" y el nuevo adquiere conocimientos de la experiencia de su compañero retirado. Y es aquí donde entra en juego la buena relación con los rivales, porque eventualmente el líder retirado, al que llamaremos veterano, podrá hacer uso de su relación con la oposición para lograr una posición ventajosa del nuevo compañero en el cargo de primera línea. Esta prerrogativa debe administrarse correctamente. Sólo los que tienen habilidad para usarla llegan a ser "eternos consejeros" de los que fueron incluso sus antiguos rivales directos. Como se aprecia, la mano izquierda y la habilidad diplomática dan mayores beneficios que el radicalismo y el ímpetu de la fuerza bruta en el discurso. A más "aconsejados" tenga un veterano, más se extenderá su influencia, por lo que menos complicado le será el retorno. De hecho, aquellos rivales políticos tienen la posibilidad de votar antes al veterano rival que a un advenedizo que quizás, aunque más cercano a sus ideales, es un completo desconocido.

  8. La llama que sigue latente
    El veterano puede tomarse vacaciones, largas si las quiere, pero debe seguir "ahí". La forma más sencilla suele ser aparecer cada dos o tres días o unos minutos al día y dedicarlos a responder las peticiones de consejo o ayuda de sus compañeros. A mayor influencia se haya logrado, mayor tiempo puede pasar sin que se resienta su poder de convicción entre sus compañeros. Cuando esto suceda, un puesto de segundo rango va estupendamente para recuperar el tiempo perdido. Quienes recuerden mejores tiempos del veterano apreciarán su vuelta, sus excompañeros aplaudirán que vuelva a la actividad un peso pesado de su grupo y los nuevos verán al veterano como un viejo sabio al que observar con detenimiento para aprender de él a moverse en Utopía. Ser una vieja gloria de moda provoca que, siendo un Diputado, Fiscal, Comisario u otro cargo de "segundo rango" pueda llegarse a tener más poder que el Presidente o Presidente del Parlamento. Máxime, cuando éstos están en el área de influencia del veterano.

  9. La jubilación
    Hasta el momento en que lo dejas definitivamente, no hay un fin en Utopía. No obstante, puede apetecer estar menos tiempo en activo y que las vacaciones sean más largas o, en su defecto, que los cargos ocupados sean siempre de tercer rango, como profesor o policía. Llegados a este punto, que no todos alcanzan, el ciudadano tiene mínimo año y medio de antigüedad, compañeros con los que tiene una especial confianza y, lo más importante para el tema que nos concierne, es una leyenda viva. Ello no supone que se repartan panfletos a diario con las grandezas del pasado, sino que consten en documentos lo que hizo el veterano o, al menos, en la memoria de los presentes. De esa manera, cuando alguien le mencione resurgirán recuerdos del pasado y los nuevos ciudadanos contemplarán que tienen ante sí a un grande de Utopía, incluso aunque ocupe un cargo menor que ellos. La jubilación, más que un punto en el que se acaba el trabajo, supone en Utopía el periodo en el cual una vieja gloria de Utopía se convierte en una estrella de poca luz pero estable, permanente en el firmamento visible para aquellos que buscan su guía en tiempos de duda.

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