POL

Oposiciones a opositor

Uno de los desencadenantes del éxito, en mi opinión, del Gobierno de Lector, ha sido tener siempre un constante debate político a propósito de la mayoría de sus decisiones. Cada nuevo trámite burocrático y cada nuevo impuesto recibía una crítica pública y un rapapolvo de empresarios, banqueros y políticos. Pocas cosas tuvo Lector por hacer que no fueran cuestionadas.

En VirtualPOL hay dos tipos de oposición. Y la más fuerte es la que no se hace. No hay nada que rompa más el juego que no jugar. Cuando se introdujo el impuesto bancario hace unos años, varios ciudadanos se fueron de VP para no volver, destruyendo cualquier oportunidad de actividad. Cuando los partidos pro-monárquicos ganaron las elecciones y los referendos una y otra vez, los republicanos se fueron de POL provocando el fin del debate público. Cuando la Casa de Poniente gobernó en solitario en todas las instituciones políticas, religiosas y nobles de VP, en vez de conformarse una oposición se optó por no jugar, rompiendo la baraja y convirtiendo cada victoria en una derrota. Pocas cosas funcionan mejor que ignorar al rival, que no participar de sus actos políticos.

En VP hacer oposición es un acto de buena fe. Equivale a jugar al juego de tu rival, a jugar al juego que has perdido. No hay nada más valiente que perder unas elecciones y permanecer activo, seguir al tanto y participar del simulador. Porque hacer oposición es un verdadero acto de honestidad política hacia esta plataforma. Ganas y gobiernas, pierdes y "opositas", y así el juego sigue funcionado y la rueda sigue girando.

Ante el gobierno Lector nos levantamos muchos, en algún caso por una oposición honesta y necesaria; pero en otros casos por una oposición inventada y simulada. Porque a veces, ser oposición es mucho más que encontrar el punto débil del gobierno o el parlamento, es buscar por necesidad la horma del zapato de quien gobierna, para crear juego. Resulta artificial, sí. Pero es necesario que, en un VirtualPOL en que en algunos casos no importan las monedas, ni los sueldos, ni las empresas, ni los partidos, ni nada... finjamos que nos importa lo que el Gobierno hace; y finjamos que nosotros mismos creemos que todo lo contrario a lo que se propone es lo necesario.

Las medidas del gobierno no valen nada si no hay alguien que las considera vilipendiosas. Y si las medidas del gobierno no generan oposición y nadie se esfuerza por hacer oposición, entonces no hay juego, ni hay valor en nada de lo que ocurre. Ahora tenemos varios ciudadanos nuevos y renacidos y varios políticos nuevos asentados. Es necesario que estos se pongan las pilas y creen una verdadera oposición que encuentre motivos para desafiar al Gobierno y al Parlamento. No porque el parlamento o el gobierno estén haciendolo mal, sino porque forma parte indispensable del juego encontrar oposición a las acciones que los poderes ejecutan.

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